lunes, 14 de julio de 2008

Esos locos que corren

"Yo los conozco. Los he visto muchas veces. Son raros. Algunos salen temprano a la mañana y se empeñan en ganarle al sol. Otros se insolan al mediodía, se cansan a la tarde o intentan que no los atropelle un camión por la noche. Están locos..."


Del autor uruguayo Marciano Durán. Publicado en la Revista Cultura Atleta # 5.


Yo los conozco.
Los he visto muchas veces.
Son raros.
Algunos salen temprano a la mañana y se empeñan en ganarle al sol.
Otros se insolan al mediodía, se cansan a la tarde o intentan que no los atropelle un camión por la noche.
Están locos.
En verano corren, trotan, transpiran, se deshidratan y finalmente se cansan… sólo para disfrutar del descanso.
En invierno se tapan, se abrigan, se quejan, se enfrían, se resfrían y dejan que la lluvia les moje la cara.
Yo los he visto.
Pasan rápido por la rambla, despacio entre los árboles, serpentean caminos de tierra, trepan cuestas empedradas, trotan en la banquina de una carretera perdida, esquivan olas en la playa, cruzan puentes de madera, pisan hojas secas, suben cerros, saltan charcos, atraviesan parques, se molestan con los autos que no frenan, disparan de un perro y corren, corren y corren.
Escuchan música que acompaña el ritmo de sus piernas, escuchan a los horneros y a las gaviotas, escuchan sus latidos y su propia respiración, miran hacia delante, miran sus pies, huelen el viento que pasó por los eucaliptos, la brisa que salió de los naranjos, respiran el aire que llega de los pinos y entreparan cuando pasan frente a los jazmines.
Yo los he visto.
No están bien de la cabeza.
Usan championes con aire y zapatillas de marca, corren descalzos o gastan calzados. Traspiran camisetas, calzan gorras y miden una y otra vez su propio tiempo.
Están tratando de ganarle a alguien.
Trotan con el cuerpo flojo, pasan a la del perro blanco, pican después de la columna, buscan una canilla para refrescarse… y siguen.
Se inscriben en todas las carreras… pero no ganan ninguna.
Empiezan a correrla en la noche anterior, sueñan que trotan y a la mañana se levantan como niños en Día de Reyes.
Han preparado la ropa que descansa sobre una silla, como lo hacían en su infancia en víspera de vacaciones.
El día antes de la carrera comen pastas y no toman alcohol, pero se premian con descaro y con asado apenas termina la competencia.
Nunca pude calcularles la edad pero seguramente tienen entre 15 y 85 años.
Son hombres y mujeres.
No están bien.
Se anotan en carreras de ocho o diez kilómetros y antes de empezar saben que no podrán ganar aunque falten todos los demás.
Estrenan ansiedad en cada salida y unos minutos antes de la largada necesitan ir al baño.
Ajustan su cronómetro y tratan de ubicar a los cuatro o cinco a los que hay que ganarles.
Son sus referencias de carrera: “Cinco que corren parecido a mí”.
Ganarle a uno solo de ellos será suficiente para dormir a la noche con una sonrisa.
Disfrutan cuando pasan a otro corredor… pero lo alientan, le dicen que falta poco y le piden que no afloje.
Preguntan por el puesto de hidratación y se enojan porque no aparece.
Están locos, ellos saben que en sus casas tienen el agua que quieran, sin esperar que se la entregue un niño que levanta un vaso cuando pasan.
Se quejan del sol que los mata o de la lluvia que no los deja ver.
Están mal, ellos saben que allí cerca está la sombra de un sauce o el resguardo de un alero.
No las preparan… pero tienen todas las excusas para el momento en que llegan a la meta.
No las preparan…son parte de ellos.
El viento en contra, no corría una gota de aire, el calzado nuevo, el circuito mal medido, los que largan caminando adelante y no te dejan pasar, el cumpleaños que fuimos anoche, la llaga en el pie derecho de la costura de la media nueva, la rodilla que me volvió a traicionar, arranqué demasiado rápido, no dieron agua, al llegar iba a picar pero no quise.
Disfrutan al largar, disfrutan al correr y cuando llegan disfrutan de levantar los brazos porque dicen que lo han conseguido.
¡Qué ganaron una vez más!
No se dieron cuenta de que apenas si perdieron con un centenar o un millar de personas… pero insisten con que volvieron a ganar.
Son raros.
Se inventan una meta en cada carrera.
Se ganan a sí mismos, a los que insisten en mirarlos desde la vereda, a los que los miran por televisión y a los que ni siquiera saben que hay locos que corren.
Les tiemblan las manos cuando se pinchan la ropa al colocarse el número, simplemente por que no están bien.
Los he visto pasar.
Les duelen las piernas, se acalambran, les cuesta respirar, tienen puntadas en el costado… pero siguen.
A medida que avanzan en la carrera los músculos sufren más y más, la cara se les desfigura, la transpiración corre por sus caras, las puntadas empiezan a repetirse y dos kilómetros antes de la llegada comienzan a preguntarse que están haciendo allí.
¿Por qué no ser uno de los cuerdos que aplauden desde la vereda?
Están locos.
Yo los conozco bien.
Cuando llegan se abrazan de su mujer o de su esposo que disimulan a puro amor la transpiración en su cara y en su cuerpo.
Los esperan sus hijos y hasta algún nieto o algún abuelo les pega un grito solidario cuando atraviesan la meta.
Llevan un cartel en la frente que apaga y prende que dice “Llegué -Tarea Cumplida”.
Apenas llegan toman agua y se mojan la cabeza, se tiran en el pasto a reponerse pero se paran enseguida porque lo saludan los que llegaron antes.
Se vuelven a tirar y otra vez se paran porque van a saludar a los que llegan después que ellos.
Intentan tirar una pared con las dos manos, suben su pierna desde el tobillo, abrazan a otro loco que llega más transpirado que ellos.
Los he visto muchas veces.
Están mal de la cabeza.
Miran con cariño y sin lástima al que llega diez minutos después, respetan al último y al penúltimo porque dicen que son respetados por el primero y por el segundo.
Disfrutan de los aplausos aunque vengan cerrando la marcha ganándole solamente a la ambulancia o al tipo de la moto.
Se agrupan por equipos y viajan 200 kilómetros para correr 10.
Compran todas las fotos que les sacan y no advierten que son iguales a las de la carrera anterior.
Cuelgan sus medallas en lugares de la casa en que la visita pueda verlas y tengan que preguntar.
Están mal.
-Esta es del mes pasado- dicen tratando de usar su tono más humilde.
-Esta es la primera que gané- dicen omitiendo informar que esa se la entregaban a todos, incluyendo al que llegaba último y al inspector de tránsito.
Dos días después de la carrera ya están tempranito saltando charcos, subiendo cordones, braceando rítmicamente, saludando ciclistas, golpeando las palmas de las manos de los colegas que se cruzan.
Dicen que pocas personas por estos tiempos son capaces de estar solos -consigo mismo- una hora por día.
Dicen que los pescadores, los nadadores y algunos más.
Dicen que la gente no se banca tanto silencio.
Dicen que ellos lo disfrutan.
Dicen que proyectan y hacen balances, que se arrepienten y se congratulan, se cuestionan, preparan sus días mientras corren y conversan sin miedos con ellos mismos.
Dicen que el resto busca excusas para estar siempre acompañado.
Están mal de la cabeza.
Yo los he visto.
Algunos solo caminan… pero un día… cuando nadie los mira, se animan y trotan un poquito.
En unos meses empezarán a transformarse y quedarán tan locos como ellos.
Estiran, se miran, giran, respiran, suspiran y se tiran.
Pican, frenan y vuelven a picar.
Me parece que quieren ganarle a la muerte.
Ellos dicen que quieren ganarle a la vida.
Están completamente locos.

Marciano Durán
Marzo 2008



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Sobre el autor
Marciano Durán Rivero es uruguayo, nacido en Florida el 25 de agosto de 1956, y radicado en Punta del Este desde 1979. Periodista y autor de los libros "Crónicas marcianas y uruguayas" (2003 - 2 ediciones), "Marcianitis Crónica" (2005 - 3 ediciones), y "El Código Blanes", que fue galardonado como "Libro de Oro 2007", premio otorgado al libro más vendido del año. A la fecha se ha llegado a la decimoprimera edición. Autor de varias obras de teatro, letras suyas han sido musicalizadas por varios conjuntos y solistas especialmente por murgas del carnaval uruguayo.

Es además corredor amateur de carreras de calle y de aventuras.

lunes, 7 de julio de 2008

Zapatillas New Balance 1062

En Abril de 2007 fui a "The Runners Shop" en la calle Córdoba con la clara idea de comprarme mis primeras Nike Pegassus.
Haciendo caso omiso a los consejos del vendedor, por mi peso y mi contextura física (y pédica); adquirí mis primeras "Naikis".
Duraron poco. Al primer domingo que pude salir y probarlas, no llegué a hacer 5 kilómetros que me quería morir. Los dos arcos de los pies estaban al rojo vivo (realmente estaban ampollados). La plantilla interna de las mismas eran de un material plástico comparable a las bandejitas de los fiambres. Eso unido a un pie medio empanada como el mio hizo una destrucción total en mis pies.
Ahora bien, por suerte en ese comercio atienden como deberian hacerlo en todos lados. Le conté del problema al vendedor y le mostré el estado de las zapatillas (obviamente estaban intactas) y me dijo que cambiara de modelo.
Así fue que por algo más de plata me llevé las New Balance 1061.
Esas zapatillas me resultaron excelentes. Perfectas a mi pie, con buena amortiguación y nunca sentí el tema de tener que amoldarlas. Apenas me las calcé, me di cuenta que eran diferentes ...

Hace un par de dias me habia enterado a través del foro de elkilometro que había llegado al pais el nuevo modelo y viendo que mis zapas ya habian cumplido más de un año, decidí hacer una inversión.

$429. 3 cuotas sin interes ... Igualmente es un golpe al bolsillo, ya que si debemos reponer zapatillas cada 700 a 1000 Kms., debemos invertir esta suma cada aproximadamente 6 meses ...

Ayer, a pesar del clima, salí a estrenarlas y les hice 15 kms. No sentí ninguna diferencia respecto a las anteriores y ahí viene el cuestionamiento ... Habrian cumplido las anteriores el fin de su vida útil ???

Cómo medimos el desgaste de la zapatilla y la pérdida de amortiguación ?
Por lo pronto y hasta encontrar respuesta a esta pregunta, seguiré utilizando el anterior par, y lo iré turnando con el nuevo (es más, hasta creo que si me pusiera en un pie la 1061 y en el otro la 1062 no encontraría diferencias ...!!!)

Algo más. Para los entrenamientos en el gimnasio utilizo unas Adidas Adistar Cushion 5th. edition. Estas zapatillas también me fueron muy cómodas y las había conseguido en el Outlet de Liniers a un excelente precio en Octubre de 2007.
Porque no las utilizo para outdoor ?? Muy buena pregunta. Creo que debe ser porque las otras llegaron primero. No tengo otra respuesta.